Allá por el año 1984 cuando Chicago Bulls escogieron a un joven y desgarbado escolta llamado Michael Jordan nadie se podía imaginar lo importante que llegaría a ser para la historia de este deporte. La historia de Jordan la conocemos todos: 6 anillos, títulos individuales por doquier, tres retiradas, tiros decisivos y un inmenso legado de jugadas para el recuerdo. Él es considera por unanimidad cómo el mejor jugador de baloncesto de la historia, la perfección.
Hubo un tiempo atrás en el cual los niños querían ser Magic Johnson, Larry Bird, Julius Erving (el propio Jordan quería ser como él) y un largo etcétera. Ese elenco de jugadores aportaban muchas cosas distintas al juego, no obstante, con la retirada del escolta de los Bulls los niños sólo querían ser como él. De esas nuevas generaciones aparecieron distintos herederos del maestro, los nuevos Jordan. Jugadores como Harold Miner, Grant Hill, Vince Carter, Tracy McGrady…con distinto éxito pero ninguno cerca de la figura del escolta de los Bulls. Hasta que apareció Kobe Bryant. Aire fresco para la figura del heredero de Jordan.

Bryant no es un heredero cualquiera de Jordan
Él era un chico hecho en Italia con una mentalidad durísima e hijo de una leyenda del baloncesto en Europa, Joe Bryant. Kobe apareció en la NBA en el draft de 1996 en el cual fue seleccionado por los Charlotte Hornets, equipo al que se negó a ir y lo traspasaron a Lakers a cambio del pívot serbio Vlade Divac. El escolta nacido en Philadelphia venía de ser el máximo anotador de la historia de su instituto (por encima incluso de Wilt Chamberlain) y ganador de todos los premios individuales que se podían ganar. Eso le llevó a desestimar una oferta de Duke para competir en la liga universitaria y dar el salto directamente a la NBA.
Sus primeros años fueron muy duros para él. Pocos minutos y los ojos de un país entero juzgándole a cada instante tenían al joven Bryant algo nervioso. Sin embargo, a cada vez que tenía la oportunidad de mostrar que él no era un simple heredero de Jordan lo demostraba: Estrella en el partido de Rookies, ganador del concurso de mates, y seleccionado para el All Star en su segunda temporada siendo el jugador más joven en la historia que lo lograba eran algunas de sus credenciales. Sin embargo, era muy discutido. En su tercera temporada explotó con 19,9 puntos de media y su equipo ese año no llegó ni a las Finales de Conferencia, Bryant estaba en la picota. Sus detractores le tachaban de chupón, engreído, niñato y otras muchas cosas; sin embargo, Kobe no se vino abajo.
La temporada siguiente se produjo el gran cambio en Los Ángeles, llegó Phil Jackson, el entrenador que había llevado a la gloria a Michael Jordan. Y con él empezaron a caer títulos: 3 anillos consecutivos, y Bryant comenzaba a dar sus primeros pasos Jordanescos aunque todavía no era la estrella absoluta de ese equipo, ese equipo estaba liderado por Shaquille O’neal, posiblemente el pívot más determinante desde la retirada de Wilt Chamberlain.
Después de esos tres años de bonanza comenzaron a torcerse las cosas para Bryant. La siguiente temporada no ganarían el anillo. Para redimirse los Lakers ficharon a los ya veteranos Gary Payton y Karl Malone, dos futuros Hall of Fame, formando así uno de los mejores quintetos de la historia del baloncesto. Sin embargo, se convirtió posiblemente en el quinteto con más grandes egos. Ese equipo perdió la Final ante Detroit y comenzó la guerra interna entre O’neal y Bryant, que acabó con Shaquille O’neal en Miami. Bryant no salió bien parado de esa situación, aunque logró quedarse en Lakers quedó como el malo de la historia y además estaba en juicio por abuso sexual de una joven, cosa que empeoró más todavía su imagen. Mientras O’neal se encargaba de ganar el anillo con Miami. Phil Jackson también abandonó el barco y criticó duramente a Bryant en uno de sus libros. Eran los peores momentos de la vida del escolta angelino, pero no se rindió.
Kobe en esos momentos ya no luchaba contra las marcas de Jordan, él luchaba contra la gente. Quería demostrarle a todo el mundo que él era el mejor. Más de 35 puntos de media en una temporada y partidos de auténtica locura como los 62 puntos ante Dallas o los 81 ante Toronto (segunda mejor marca de la historia) deslumbraban la grandeza de Bryant, pero ni hacían mejorar mucho su imagen de chupón, ni conseguían que su equipo fuera competitivo.
Las nubes negras parecieron disiparse cuando Phil Jackson volvió e hizo las paces con Shaquille O’neal. Su fama se recuperaba y volvía al camino que estaba destinado. Perseguir la sombra de Jordan. El lavado de cara fue tal que se cambió de número del 8 al 24. Bryant en su afán de hacer records ganó su segundo titulo de máximo anotador finalizando la temporada con 10 partidos por encima de los 50 puntos, hecho que ni el propio Jordan había conseguido, sólo Wilt Chamberlain.

Pau Gasol, el "socio" que necesitaba Bryant
En la temporada 2007-2008 Bryant recibió la mejor noticia de su vida: Pau Gasol había fichado por los Lakers. El escolta se consagró con el MVP y consiguieron llegar hasta la Final de la NBA, que perdieron en un duelo retro ante Boston Celtics, recordando Finales de los 80 entre Magic y Bird. Sin embargo, ese golpe fue el último obstáculo para que Kobe se convirtiera en leyenda, la temporada siguiente ayudado por un gran Pau Gasol consiguió su objetivo: conseguir un anillo siendo él el actor principal.
El pasado viernes se convirtió en el jugador más joven en llegar a los 24.000 puntos, y es que Kobe Bryant se ha propuesto cambiar la historia de la NBA. Todavía le quedan unas cuantas temporadas en la liga para subir escalones en las distintas estadísticas históricas y para ganar unos cuantos anillos más. Cuando se retire posiblemente los niños ya no quieran ser el nuevo Jordan, y sí el nuevo Kobe.