La actualidad manda. Sergio Rodríguez (Sacramento Kings) está en forma. Si fuese cualquier otro jugador esto no sería noticia, pero viniendo de él, es la noticia de la semana. Llegó a la NBA hace cuatro temporadas con los aficionados españoles ilusionados con uno de los jugadores más espectaculares que ha dado el baloncesto patrio, y esperando que demostrará en el otro lado del charco que en España también sabemos hacer jugones. Con la vitola de ser el nuevo Jason Williams, las expectativas creadas en él eran muy altas (excesivas quizás) y, de momento, se han vuelto en su contra. Después de tres años en Portland se ha demostrado que llegó verde a la NBA, los que le tachaban que se había ido muy pronto a América parece que tenían razón; sin embargo, con el cambio a Sacramento puede que haya encontrado un atisbo de luz al final del túnel.
Hasta el momento, su temporada con los Kings no parecía muy diferente a su época con los Trail Blazers: pocos minutos (incluso algunos partidos sin ni siquiera pisar el parquet), sin asumir ningún tipo de riesgo, con una defensa endeble, no buscando el aro en ningún momento, y sobre todo sin ganarse la confianza del entrenador Paul Westphal. Sus números eran muy discretos, disputados sus primeros ocho partidos de temporada, apenas 3 puntos y 2 asistencias por partido en 8 minutos de media. Pero eso ha cambiado en los últimos cuatro partidos, Sergio se ha mostrado mejor que nunca, y en estos encuentros ha promediado 17,5 puntos y 4,7 asistencias en 22 minutos. Ese gran estado de forma ha quedado patente sobre todo esta última noche donde el base canario se ha ido hasta los 24 puntos y 5 asistencias en 24 minutos ante New Orleans Hornets.
Es otro estos últimos días, aprovechando lesiones y minutos de juego ha recuperado la confianza en su tiro y la seguridad en todas sus acciones ofensivas, la defensa sigue siendo deficiente pero no pidamos peras al olmo. Ya no vive encorsetado en el fallo-banquillo de Nate McMillan en Portland, ahora tiene en Paul Westphal un entrenador que aplaude incluso cuando falla. Sergio Rodríguez está ahora ante su gran oportunidad, sin la presión a la que estaba sometido en un equipo con intereses muy altos como Portland y ganándose poco a poco la cordialidad de su nuevo entrenador se auguran buenos tiempos para el canario. Si no recae en los próximos partidos este año se divertirán mucho con Sergio en Sacramento.



