Quizás sea injusto echar toda la culpa a Dwight Howard que Orlando Magic este año no asuste, posiblemente en ello algo tenga que ver el entrenador Stan Van Gundy y el General Manager Otis Smith a la hora de configurar la plantilla y hacerla funcionar. Porque este año Orlando se está mostrando muy irregular, 26-13 en su balance de victorias-derrotas cuando la temporada pasada a estas alturas de temporada iban 31-8 y con un Howard estelar. Este año no es así y Howard tiene parte de culpa.
Este verano los Magic incorporaron al equipo al escolta Vince Carter para sustituir al turco Hedo Turkoglu. Ese cambio, a priori, parecía positivo para el equipo ya que se le supone una mayor calidad y poder ofensivo a Carter que a Turkoglu, sin embargo, parece que la importancia de Turkoglu en el equipo era mayor de lo prevista. Con la marcha del turco se sabía que se perdía un hombre que se crece en los momentos importantes, pero lo que no se sabía es que sin él el equilibrio de este equipo se iba a tambalear.
Carter hasta el momento parece haberse convertido en el líder en pista del equipo, relegando así de galones a Dwight Howard. El pívot esta temporada no está siendo tan dominador con los años anteriores y no parece que se esté ganando el respeto de Carter, que sabe que cuando los partidos están en su momento caliente tiene toda la confianza del entrenador para que se la juegue en todas las posesiones que quiera para desespero de un Howard que no ve un balón en los últimos minutos de los partidos.
Esa falta de balones a Howard en los últimos minutos, no obstante, puede tener una razón de ser en su poca fiabilidad en los tiros libres. Al igual que el último dominador en la pintura de la NBA, Shaquille O’neal, al pívot de Orlando es casi un seguro de triunfo hacerle falta antes que se disponga a machacar el aro. Howard en sus seis temporadas en la liga no ha mejorada nada lanzando tiros libres, esta temporada está anotando un paupérrimo 59%, sólo durante su temporada rookie anotó más del 60%.
Pero aunque los pocos balones que recibe se acentúan en los últimos minutos esta temporada Howard está recibiendo muy pocos balones durante todo el partido, y eso se refleja sobre todo en el número de lanzamientos que realiza. Ha pasado de realizar 12.4 tiros por partido a apenas 9.1, solamente en su primera temporada en la liga lanzó menos. Uno de las causas puede ser la cantidad de juego que absorbe Vince Carter, que está lanzando más de 15 tiros por partido, casi tres más de los que hacia Turkoglu.
Esa falta de balones esta viendo afectada su poder de anotación que ha pasado de más de 20 puntos de media últimos dos años a 16.9 puntos por partido este año. Un incremento negativo de casi 4 puntos.
Además, la menor influencia en ataque de Howard hace que sus compañeros lancen más a canasta que en años anteriores, sin embargo, su número de rebotes ofensivos ha disminuido sensiblemente este año de 4.3 la temporada pasada a 3.7 ésta. Eso se debe primordialmente a su mala colocación, que pese a ser tener números en rebotes desorbitados, son más por sus espectaculares condiciones físicas que por su conocimiento de los espacios.
Esta temporada no se le ve centrado. Gran cantidad de pérdidas y faltas absurdas, muchas de ellas en ataque, están viendo mermada la aportación de Howard. Que un jugador, y más su teórica estrella, en cuatro minutos tenga ya dos o tres faltas no ayuda en nada a su equipo. Y no es un hecho aislado, últimamente está siendo algo habitual. 3.7 faltas está promediando por partido (0.3 más que el año anterior). Y con la pérdidas no es muy distinto, esta temporada 3.5 por partido (0.5 más que la temporada anterior).
A esa falta de concentración se le ha unido una progresión nula en movimientos bajo el aro. En ataque apenas dos jugadas lo distinguen: el pick and roll desde el poste alto con el base para que en la mayor parte de ocasiones acabe con un mate o un tirito desde 2-3 metros y su juego en el poste bajo, que sigue sin evolucionar y que siempre lo realiza para el mismo lugar, hecho que provoca que los rivales ya sepan que va a hacer y fuercen faltas en ataque o pérdidas ejecutándole un simple dos contra uno.
Patrick Ewing (ex pívot estrella de los Knicks y ahora entrenador de pívots de Orlando) tiene mucho trabajo por delante con Dwight Howard para sacar de él todo el potencial que posee, que es impresionante pese a lo que le podamos criticar desde aquí. Porque pese a estar en una mala temporada, Howard sigue siendo el mejor pívot de la liga, el más fuerte, el que más influye en los ataques rivales cuando lo ven por la zona, el que más rebotea y el que domina todo lo que esté cerca del aro.
Después de gafar a Carl Landry, que desde que hablamos de él no da una, esperemos que a partir de ahora Dwight Howard acalle las criticas volviendo a su nivel de años anteriores y podamos disfrutar más que nunca del nuevo dominador de la pintura en la NBA.








